1898 Los Documentos de Puerto Rico - Página de Internet de 1898 Sociedad de Amigos de la Historia de Puerto Rico

Carta del Brigadier Don Ramón de Castro, Gobernador, Intendente y Capitan general de la plaza é Isla de Puerto-Rico, a su Majestad el Rey relatando los hechos ocurridos durante la invasión británica de 1797

(Carta dirigida al Rey a través de D.n Mig.l Jph (Miguel Joseph) de Azanza)

Documento obtenido del Archivo General Militar de Segovia; Sección Ultramar, legajo 36, expediente 2.º.

El documento actualmente se encuentra en el Archivo General de Simancas. Código de Referencia: ES. 47161.AGS/1.19.11//SGU,7148,14 AGI ESTADO, 10, N, 36.

(Se mantiene la forma de escribir de la época)

Nº 139

El Gobern. de Puerto Rico da a S. M. (Carlos IV) cuenta de haber sido sitiada la plaza de su mando por los Enemigos y rechazados estos hasta obligarlos a una precipitada fuga.

EXMO: SEÑOR

Tengo el honor de participar á S. M.(1) por medio de V. E.(2) como he triunfado de los enemigos de un modo que llena de gloria á las Armas Españolas, como de verguenza al Pabellón Ynglés.

(1) Su Majestad

(2) Vuestra Excelencia

Orgullosos los Comandantes Generales de las fuerzas terrestres y marítimas de S. M. B.(3) en estos dominios, Rálph Abercromby y Henry Harvy, con la conquista de la Isla de Trinidad se dirigió á esta provistos de un lucidísimo tren de artillería con todos los útiles y demás necesario para bloquear y sitiar su Plaza en una numerosa esquadra procedente de Martinica y compuesta de sesenta y ocho buques, entre ellos un navío de tres puentes y quatro más de setenta a cinquenta en que se contenian de siete a ocho mil hombres de desembarco, según informe de los Prisioneros de Guerra y desertores del campo enemigo, extendiéndose algunas hasta doce y trece mil.

(3) Su Majestad Británica

En efecto, al amanecer del día 17 del mes próximo pasado, se avistó la Esquadra enemiga sobre las playas de Loysa al este del puerto principal de esta ysla. Luego que se reconoció enemiga, distribuí con arreglo al plan de defenza, todas las tropas que componían la guarnición de esta Plaza, designándolas los Puestos y Comandantes respectivos, lo que reconocí succesivamente por mi mismo.

El Cuerpo Volante nombrado, por la parte de Cangrejos, situado también al este que mas se aproxima a la Plaza, pasó sin demora a ocupar sus Playas, Condado y Rodeo, cuyos puestos reconocí aquella tarde y noche con el teniente de Rey y el yngeniero en gefe, D Phelipe Ramírez. Se colocó en la tercera D. Teodomiro del Toro, teniente coronel graduado y ayudante mayor de las Milicias Disciplinadas de esta Ysla.

Fondeada la Esquadra con inmediación a la boca de Cangrejos y Torrecilla, y precediendo un vil fuego de su embarcación para proteger el desembarco, el cual presencié desde el Castillo de San Gerónimo, se verificó éste al aclarar el siguiente día 18, sin embargo de la oposición que le hizo el bravo oficial Toro, que causó mucho estrago sobre el contrario, y se replegó a la partida del teniente coronel D. Ysidoro Linares, apostando en la playa inmediata en el mayor órden según le había prevenido.

En el propio día me intimaron los dos generales por oficio, la rendición de la Plaza a S. M. B. y les contesté con el honor y confianza que alentaban mi espíritu dispuesto a resistir su entrega mientras conservase la vida.

El enemigo apoderado de aquella parte de tierra marchó hacia el Puente de San Antonio, abrió sus trincheras y formó sus baterías para franquear el paso por él; pero no lo pudo jamás conseguir por el vivo fuego que incesantemente se hizo de las del Puente mismo que mandó valerosamente el Yngeniero Ordinario D. Ygnacio Mascaró y Homar, y por el Castillo de San Gerónimo que dirigió con arrogancia el referido Toro, quien poco después de su retirada de la Playa de Cangrejos pasó a encargarse del mando de él. Fueron frustrántes e inútiles las vigorosas tentativas del enemigo y ataques impetuosos de fusilería sostenidas de sus dominantes Baterías.

Estas que dominaban el Puente de San Antonio y al Castillo de San Gerónimo, hicieron un fuego continuado pero no apagaron el de uno y otro: A este ofendían los tiros de los Navíos de la Esquadra y a ambos otra Batería establecida en el Condado por el enemigo. A la ofensa de éste y defensa del Puente, sin duda, contribuyeron mucho los ganguiles y lanchas cañoneras situadas en el caño de San Antonio.

Durante el sitio hizo el enemigo varias diversiones por unas y otras partes dirigidas a la Plaza, y a saquear y robar las casas y haciendas colindantes con su campo y líneas. Con el primer objeto se estableció en Miraflores y formó allí Baterías de obuses, morteros y cañones, cuyos fuegos dirigió a la Plaza donde introdujo un gran número de granadas reales y algunas valas incendiarias, pero ninguna causó daño a estos vecinos a quienes parece preservó el altísimo y solamente una prendió fuego en uno de los almacenes de víveres que fácilmente se apagó; con cuyo motivo tomé las precauciones correspondientes a evitar qualquiera incendio: Tiró algunas bombas, pero como le faltaba mortero, no llegó a la Plaza alguna, y la de ella, les ostilisaron tanto, que le obligaron a desamparar el puesto dejando infructuosos unos trabajos cresidísimos.

Con el Segundo objeto, hizo el enemigo en los primeros días del bloqueo, muchas salidas. En ellas robó los ganados y haciendas contíguas: destrozó las casas y quanto encontraba en ellas: cortó los árboles mas útiles: ofendió a los dueños con castigos y se comportó con tanta baxeza que en nada observó las reglas y leyes de un Conquistador generoso que por los medios permitidos pretende hacer su conquista; pero por último, con el Cuerpo Volante que establecí en el inmediato Partido nombrado Río Piedras, se le encerró dentro de su campo de tal suerte que después no fue osado a salir, y se puede decir, que el sitiador pasó a ser el sitiado. Cortó y arruinó el Puente de Martín Peña, para que no pudiesen ofenderle las partidas del mismo cuerpo que llegó a componerse de mas de ochocientos hombres de tropa reglada de Ynfantería y Cavallería y de Paysanos de esta Ysla, con dos cañones de Batallón y la dotación correspondiente de Artilleros pertrechos y municiones para su servicio.

De la Plaza dispuse varias salidas al Campo enemigo que hicieron en él mucho daño, y condugeron prisioneros de Guerra en bastante número. Por el efecto de éstas, reconocí que el Enemigo las temía: Supe además, por las deposiciones de ellos y desertores de su exército que la vigorosa defenza de la Plaza le tenía en bastante consternación, la qual no había pensado; acaso procedería de algunas inteligencias que tuviese en la Plaza el enemigo con vecinos extrangeros y otros transeúntes recidentes en ella que mandé arrestar, privándolo de comunicación luego que se me informó havia alguna sospecha de ellos. Se confirmaron en mi concepto las inteligencias del contrario con algunos de la Plaza en vista de un papel, en que se me comunicó haverse dado aviso al General Ynglés del parage del Campo en que se hallaba mi mujer a fin de que dispusiese hacerla prisionera. Era también fundamento y apoyo de su expedición la noticia que tenía, según supe de sus desertores, de la escases de víveres y falta de agua en la Plaza.

Yncitado de estos principios, mandé que todo el Cuerpo Volante establecido en Río Piedras, con otras partidas que destiné, hiciese una salida al campo enemigo atacándole los costados y retaguardia según y con las disposiciones que constan del diario, y, sin embargo de que uno de los comisionados al efecto, el Subteniente D. Luis de Lara, no comprendió mis órdenes e idea, le hizo un ataque por retaguardia con el Cuerpo Volante que causó mucho extrago en el contrario, que reusó la salida a que aquel le provocó: Resultó de esto batirse la generala en el Campo Enemigo, ponerse todo el Exército sobre las armas y repartirse en dos columnas para atender a su vanguardia y retaguardia, receloso de que como por esta se le ataque también por aquella; y en fin se ha visto que fue tan precipitada su fuga al otro día, y en el mismo, que dejó en el campo la Artillería, Municiones, útiles, tiendas, víveres, cavallos, lanchas, botes y otros efectos de su servicio, con noticia de haver dejado enterrados otros muchos que como los desparramados en toda la extensión de su Campo han padecido estrabío y pillage, que las atenciones de esta Plaza no han permitido evitar. Tomó sus buques en que estuvo embarcado el día primero de este mes todo el Exército Enemigo que dieron vela al siguiente día, dejando a la verdad estampado un borrón indeleble para las Armas Británicas con su cobarde y vergonzosa fuga; el cual huviera sido mayor si no se huviesen frustrado las salidas de otras partidas que havia dispuesto atacasen por el flanco a los Enemigos dirigiéndose a la parte que media entre el Puente y Miraflores, en cuyo caso creo que en el pago de su osadía huvieran sufrido la alternativa y extremos de rendirse o de morir.

Es admirable, E.(xcelentísimo) S.(eñor), el estado ruinoso del Puente de San Antonio en que oy se mira contado el tiempo por disposición mía, y a mi presencia con el Yngeniero en Gefe, y derrivado sus pretiles para dificultar el paso al Enemigo. Su pintura, si no se le añade a la vista sería incredible. No puede atribuirse su conservación a otra mano que a la divina.

El diario que acompaño instruirá a V. E. por menor de las disposiciones dadas por mí durante el sitio y movimientos ú operaciones del Enemigo al que precede la relación de las providencias, y precausiones previas que tomé para defender la Plaza de sus surprises, ataques y sitio.

Nada faltó en la Plaza durante el sitio ni huviera faltado, aunque se huviese diferido por quatro meses; estuvo abundante la provisión de pan, arroz, carnes, no ha llegado a hechar mano de mil y trecientas reses vacunas de diez arrobas cada una que tenía arrimadas a esta Plaza por la parte del Norte en los Partidos libres de los robos del Enemigo, sin necesidad comensé a suministrar la ración de los víveres acopiados aqui para el Socorro de nuestra Esquadra por que después de tanto tiempo de depósito y almacen se havian reconocido próximos la corronperse si no se consumian. La Artillería estuvo bien servida y aunque no hubo mas de sesenta Artilleros de la Compañía veterana y doscientas de Milicias; porque tenía de antemano instruídos en el manejo del Cañon, Mortero y obuses mas de doscientos hombres del Regimiento Fixo y milicias de Ynfantería a que se agregaron algunos Franceses que se hallaban aqui dependientes de sus Buques Corsarios que como tropas auxiliaries se han prestado a servir durante el sitio. Todos los cuerpos veteranos y levantados por mí, desempeñaron su obligación en la parte que pudieron y que a su calidad correspondía.

De los Yndividuos de todos y principalmente de los que se han distinguido, doy con esta fecha a V. E. por separado, el correspondiente aviso para el premio de que los considero dignos.

Yo no atribuiré, E.(xcelentísimo) S.(eñor), la retirada del enemigo, que no puede titularse así; sino precipitada y afrentosa fuga, como convencen los despojos que dejó abandonados dentro de sus líneas, a las acertadas providencias mías, sino a la mano poderosa del Altísimo, que además de dictarlas, protegió visiblemente esta Plaza e Ysla. El día 3 del corriente mes en reconocimiento y gratitud a su piedad sin límites, se ha cantado solemnísimamente en acción de gracias, el Te Deum, con Misa y Sermón que predicó el Ylustrísimo Señor Obispo en esta Santa Yglesia Catedral. Monté en uno de los caballos recogidos entre los despojos del enemigo que se decía ser del General Abercromby, y puesto a la caveza de todo mi Exército, que se formó en línea de nuestro campo en el órden de Batalla, le conduge en el de columna con los Cañones de Campaña, Vanderas y Comandantes triunfantes de los Castillos, según por menor expresa el Diario, hasta el frente de dicha Santa Yglesia Cathedral en donde bolvió a su primera formación, y colocando aquellas vanderas en el Presbiterio, como tributo al Señor Dios de los Exércitos, el triunfo conseguido, se dió principio ala función dispuesta. En su oportuno tiempo, el Exército formado y la Artillería de todos los Castillos y Recintos, con la Tropa de su guarnición, hizo la correspondiente triple salva. Fue innumerable el concurso de todo el Pueblo que asistió a este religiosos acto, precedido de repetidos vivas y aclamaciones que demostraban el júvilo, contento y alegría de todos estos fieles y leales vasallos, por la gloria adquirida en obsequio y honor del Soberano y de esta Ysla. Un Exército numeroso, provisto de quanto él ante, tiene descripto para prevenir y formar un sitio, fue derrotado. Estaba sembrado el campo enemigo de cuerpos muertos, cuyo número, con el de heridos, se calcula llegue asta dos mil, inclusos doscientos noventa Prisioneros y Desertores que entraron en esta Plaza. A fin de que aquellos no infestasen la atmósfera y contagiaran esta Ciudad por hallarse a barlovento de ella, he mandado que pasasen cién hombres a las órdenes de los Alcaldes ordinarios y dos Regidores a sepultarlos o cubrirlos con cal y arena hasta sofocar el fetor que despedían. Y, por ultimo, auyentado el sitiador con vilipendio por unas tropas sin disciplina, o muy poca, cual es a la verdad regular en un fixo compuesto casi todo de reclutas y en las Milicias; se embarcó precipitadamente.

En el día 17, solo contaba en esta Plaza novecientos setenta y tres hombres de aquel, y mil seiscientos de éstas, con dos Compañías Urbanas de doscientos hombres vecinos del País y Catalanes y otras de blancos, pardos y negros libres y esclavos, presentados por sus amos, vecinos de toda la Ysla, que todos componían entonces trescientos hombres a lo sumo. Después fueron entrando las Compañías de Cavallería, los Milicianos cumplidos, y las Compañías de Paysanos de los Partidos. Es verdad que todos se presentaron prontos y leales al Real Servicio pero los ultimos no tienen la disciplina muy mínima; ni había fusiles por haverse remitido tres mil de esta Plaza a la de Santo Domingo, los que aunque hé reclamado repetidas veces, no pude conseguir. No havía en esta Bahía un Buque de Guerra, y aunque para la defensa de ella que importa tanto a la de la Plaza, tenía de antemano armadas los Pontones, Ganguiles y Lanchas de todos los Buques que franquearon espontáneamente sus Capitanes y Patrones, al mando y dirección del Capitán de Fragata D. Francisco de Castro, que haviendo concluído su comisión del establecimiento de matrícula, subsistía en este Puerto esperando ocasión en que restituirse a su Departamento de la Havana; nunca podían suplir la falta completamente, tanto por su devilidad, como por su corto número. No creo necesitar mas prueba que la divina protección recayó visiblemente sobre esta Ysla, que en fin tengo la suma complacencia y gloria de haver conservado al Rey y defendido; satisfaciendo así la confianza que debo a su soberana piedad de haverla puesto a mi cargo, motivo entre otros porqué mi corazón esté inundado de aquel verdadero gozo a que anhela todo generoso espíritu, aumentado con la consideración de que, derrotado el enemigo y debilitadas sus fuerzas, quedó inhábil para hacer otras conquistas que sin duda hubiera emprendido contra toda la América Septentrional, si en esta hubiera sido su éxito feliz.

Ntro. Señor gua.(rde) la vida de V. E. m.(il) a.(ños), como deseo.Puerto Rico, 8 de mayo de 1797.

Exc.mo Sor.

Ramon de Castro


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