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Soledad Pastorutti.
Tiene 16 años y canta desde los 8. Su disco Poncho
al viento lleva vendidas 300 mil placas en un solo
año. Pero el furor recién comienza: lo compran 14 mil personas
por semana, es decir, 90 por hora. Es la primera vez que una
zamba folclórica se convierte en el hit de las discos.
COSA DEL DESTINO
Soledad Pastorutti nació el 12 de octubre de 1980 a las 12.30 del mediodía en Arequito, un pueblo de 8 mil habitantes al sur de Santa Fe. "Como en todo pueblito explica ella, no hay muchas posibilidades de hacer actividades fuera de la escuela. Yo jugaba al tenis y además trabajaba de canillita, repartía diarios. En la escuela se enseñaba guitarra gratuitamente a través de la comuna y yo me anoté. Empecé a tomar clases a los 8 años y para fin de año me subí por primera vez a un escenario. Mi papá me llevaba a cuanto concurso había, como si supiera que yo iba a llegar a esto. En el '95 fuimos a Cosquín y salimos 'revelación' en la peña, y en el '96 me entregaron el premio SADAIC. Después me ofrecieron grabar el disco y aquí estoy."
A
los 8 años subió por primera vez a un escenario en Arequito, su
pueblo natal, al sur de la provincia de Santa Fe. La gente, como
ahora, reaccionó eufórica cuando empezó a cantar El duende del
bandoneón, una zamba que había aprendido en sus clases de
guitarra. Pero como siempre, Soledad Pastorutti se mostró
segura, "con la caradurez que me caracteriza", dice
hoy.
Siete años más tarde, con miles de kilómetros andados por todo
el país a bordo de un Falcon destartalado que manejaba su padre,
Omar, Sole (como le dicen sus fans) grabó su primer disco:
Poncho al viento. Y no le fue nada mal: lleva vendidas 300 mil
copias, a razón de 14 mil discos por semana, en el último mes.
¿Cabe alguna duda? No. A los 16 años, Soledad Pastorutti es la
intérprete de folclore argentino de mayor venta de todos los
tiempos. Capaz de reunir 50 mil personas en un solo recital en
Salta o Santa Fe. Adorada, idolatrada, en el interior del país,
cuando sube al escenario y revolea su poncho algo así como su
grito de guerra y de saludo a la vez, la gente delira. Soledad
despierta una suerte de fiebre folclórica. "Recibo miles de
cartas de amor, y de padres que me escriben por sus hijos
chiquitos cuenta. Me dejan cientos de mensajes en el
contestador. En los recitales, la gente hasta me pide que le
firme las patitas a los bebés. Es increíble."
El año pasado firmó su primer contrato con Sony para grabar un
disco: "El primero siempre es por muy poca plata
explica. Sólo por regalías, que es un 3 o 4 por ciento.
Pero con mi familia aceptamos porque a esa altura nadie confiaba
todavía en nosotros". Pero el disco fue un éxito, y este
año el nuevo contrato incluye un departamento en Buenos Aires,
donde vive cada vez que viene a la Capital. Como ahora, porque en
el Gran Rex se presenta el 16, 18, 19 y 21 de octubre. Está
vendiendo 500 entradas por día y tuvo que poner más funciones.
Mucho en muy poco tiempo, ¿no?
Es verdad, pero yo luché desde muy chiquita para lograrlo. Y
en el camino tuve que abandonar muchas cosas que me hacían
feliz. Este año tuve que dejar el colegio, había empezado
cuarto año pero me di cuenta de que no iba a poder con todo,
porque dos veces por semana tenía que estar en Buenos Aires
haciendo notas y estudiando canto, y de jueves a domingo, actúo.
Bueno, la escuela puedo terminarla en cualquier momento. Pero
tengo la suerte de que mis padres me apoyan en todo.
Tu papá se ha convertido casi en chofer oficial...
Y sí. Omar, mi papá, maneja la combi en la que viajamos con
los músicos por todo el país. Por suerte, ahora, con la plata
que ganamos pudimos comprar un auto mejor, porque antes era
terrible. En general, viajamos con toda la familia (Omar, mamá
Griselda y su hermana Natalia). Así me siento acompañada. Y me
ayudan a salir de situaciones difíciles: imaginate, a la salida
de un recital, cuando la montonera de gente me quiere tocar o
agarrar. Mi papá siempre está ahí para ayudarme.
¿No es demasiada responsabilidad a los 16 años?
A veces siento que sí. Una o dos veces me pasó que no tenía
ganas de cantar, no quería salir por nada del mundo. Pero ahora
ya no me pasa. Es más, cuando muy de vez en cuando, con los
músicos, nos tomamos un día libre, nos sentimos como unos
tontos. Y cuando me quedo, no sé qué hacer. No sé los horarios
en que mis amigos salen, ni qué está de moda. Tengo que andar
llamando por teléfono y preguntando: "¿Qué te vas a
poner? ¿A qué hora vas a salir?". Me siento perdida
totalmente.
¿Nunca te tiró más ir a bailar que cantar?
No, fijate que yo, con todo esto de los viajes, empecé desde
muy chiquita. Todos los fines de semana teníamos algo. Mis
amigas me decían: "Vení a casa este fin de semana". Y
no, yo elegía cantar. Mi papá me tuvo fe desde el principio. A
mi representante, las veces que Omar le habrá golpeado la puerta
diciéndole: "Tengo una nenita que canta". Y no le daba
bolilla. Pero él siempre tiraba para adelante.
¿Quién administra la plata que ganás?
Mi papá, desde el primer día. Todavía me acuerdo de la
primera vez que me pagaron por cantar. Fue el 4 de noviembre de
1995 en el show de la Fiesta de la Flor, en Escobar. Nosotros
fuimos a cantar, pero no contratados. A los organizadores les
gustó tanto el espectáculo que cuando me bajé del escenario,
me dieron 200 pesos. Yo estaba chochísima. En realidad, recién
ahora estamos saliendo de los problemas económicos que
teníamos. Gracias a Dios, siempre supe lo que era que faltara la
plata en casa y ahora sé lo que es tenerla. Con lo que nos
sobra, estamos comprando campos. También queremos arreglar la
casa que tenemos desde hace 18 años. ¡Le vamos a cumplir el
sueño a mi mamá! También vamos a comprar una casa para los
ensayos, otro auto y listo. No necesitamos más.
¿Por qué pegó tan fuerte tu folclore, Soledad?
En realidad, creo que no fue ni la música ni la voz lo que
hizo que yo llegara a la gente, sino la personalidad. Siempre
traté de subir segura al escenario. Además, sé que los chicos
se identifican conmigo, notan que yo soy como ellos: no me pinto
la cara y me gustan los jeans y las bombachas de campo. También
me molesta, por ejemplo, usar anteojos de sol. Me sentiría una
agrandada.
Otra ya lo sería y con razón: vendés 90 placas por
hora y tu canción Poncho al viento es un hit en las discos.
Nunca se vio cosa igual...
Si vos lo decís... ¡Me voy a poner colorada!
Pero en el escenario te animás a revolear el poncho....
Sí, eso lo copié del público. Una vez estaba en un recital
con el poncho colgado del micrófono y entre el público había
un hombre parado que revoleaba la campera. Y yo lo copié. Con el
tiempo, pasó a ser algo así como mi grito de guerra. El poncho
era de mi papá. Y yo lo llevo como un amuleto.
| QUIEN DIJO QUE TODO ESTA PERDIDO |
Con sólo 16 años se ha convertido en uno de los fenómenos
musicales del año y basta con que suba a un escenario para dejar
de ser una adolescente como cualquier otra y convertirse en un
torbellino que arrastra multitudes. Su álbum debut ya es doble
disco de platino con mas de 250.000 placas vendidas y su agenda
está completa hasta marzo del año que viene. Lo curiosos es que
Soledad no es una estrella de rock, ni una ídola de la bailanta
sino que es una santafecina que, poncho en mano, eligió
dedicarse al folklore.
Nació un 12 de octubre en Arequito, un pequeño poblado de 7.000
habitantes y debutó como cantante a los 11 años en un acto
escolar pero no llevó mucho tiempo convertirse en un verdadero
fenómeno de ventas y ganar el cariño del público, tanto que
los dos últimos años se llevó los premios Revelación y
Consagración del Festival de Cosquín. Es que con Soledad se
respira un aire de renovación en el apagado ámbito del folklore
y la muchachita está logrando que multitudes vuelvan los ojos
hacia la música autóctona. Soledad se presentará los días 17
y 18 de octubre en el Teatro Gran Rex junto a su hermana, de tan
sólo 13 años, con un repertorio de temas populares como
"Entré a mi pago sin golpear", "Salteñita de los
valles" y "A don Ata" pero con un estilo tan
particular que obliga a bailar y a acompañar su canto de
chacareras, zambas y chamamés.