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Grecia

 

El Ágora de Atenas

El Partenón

Restos arqueológicos  en Delfos

 

ATENAS

 Hay quienes lloran de emoción frente a la Acrópolis, y tienen razón. La perfección de las cariátides contrasta con el oloroso barrio comercial, justo atrás de las ruinas. Entre las encantadoras callecitas de Plaka, el barrio antiguo, el ouzo (licor de anís) sabe a miel.

Cierto es que, cuando planea un viaje a Grecia, el viajero se siente embargado por una especial tristeza: la melancolía del que desea recorrer todo y no puede. Y es entonces cuando se imponen los imperativos de los amigos tales como "no podés dejar de ver la Acrópolis" o "tenés que visitar las islas".

Todas frases comunes, falsas y ciertas a la vez. Porque es verdad que uno no debería morirse sin contemplar la belleza griega con todos sus paisajes, pero también lo es la imposibilidad de limitar al país donde nació la Cultura con mayúscula a casitas blancas despeñadas y mares imposibles. La grandeza de Macedonia o la tierra roja de Creta son tan bellas como la literatura helénica.

Un recorrido poco tradicional puede comenzar en Tesalónica, capital de la provincia de Macedonia, con su rambla sobre el Egeo y su encantador barrio antiguo: Ano Polis; seguir por Creta, la isla de los dioses, y continuar, ya regresando, por Santorini y Atenas.

Cerca de Tesalónica, en Vergina, las tumbas del probable hijo de Alejandro Magno y su esposa conmueven tanto o más que las tumbas del Valle de los Reyes, en Egipto. Sólo que son menos famosas.

Creta guarda tesoros como Cnosos, el Palacio del Rey Minos, los puertos sobre el mar sagrado, la paz sublime de los monasterios ortodoxos.

También atesora las costumbres del pueblo griego: es posible sentir las heridas de un pueblo invadido y arrasado desde sus inicios, profundamente religioso, uno de los más pobres de la Comunidad Europea.

Allí se pueden realizar tours poco convencionales, como la visita a un pequeño villorrio para cocinar el pan a la vieja usanza; recorrer una vendimia o una planta de aceite de oliva.

Burros que llevan tranquilamente su carga, viudas que lucen su luto riguroso por años... imágenes de un país inabarcable en una sola visita.

Platos típicos con sabor a aceite de oliva

Las raíces de la comida griega son mediterráneas. Y se mezclan influencias árabes y turcas; así, muchos platos resultan familiares. Los griegos ostentan el mayor consumo de aceite de oliva del mundo: forma parte de casi todas las preparaciones.

Su utilización los lleva, junto con el resto de los países mediterráneos, a presentar el menor índice mundial de mortalidad por problemas cardíacos.

Entre las comidas más conocidas de la mesa cretense se cuentan los pasteles de queso con masa philo, la torta de queso feta y el cordero de Hania, los tomates rellenos de trigo burgol, el guiso de cordero con alcauciles, el pulpo y los calamares a la cacerola, las dolmathes (rollitos de hojas de parra rellenos con arroz y carne), el guiso de chauchas con tomate.

No faltan las variedades de ensalada griega (pepinos, tomate, queso feta, cebolla, morrones verdes y aceite de oliva), el tzatzíki (yogur con pepino rallado y ajo), y el gemistá (tomates saltados con morrones y berenjenas).

Taberna: su nombre aquí se escribe con V. Se trata de lugares pequeños, atendidos generalmente por la familia, donde se sirven los tradicionales guisos griegos de vegetales, legumbres y alguna carne (poca).

Fournoi: panaderías. Exquisitas versiones de pan de aceite de oliva o relleno de queso y dulces.

Estiatoria: restaurante. Más formal que la taberna, en general, incluye todo tipo de platos, pescados y cordero. Si no quiere innovar, intente con el souvláki, pinchos de carne (en general, cordero), con tomates y cebolla.

Psarotaverna: taberna de pescado. Para asegurarse la frescura de la materia prima, busque las cercanas al puerto.

Ouzeri: para mezedes con ouzo.

Santorini se pierde en laberintos de colores

THERA

 Las aguas azules del mar Egeo chocan contra el acantilado negro. El barco se detiene en el puerto, donde un burrito, ómnibus o cablecarril sirve para trepar al viajero por el acantilado de Théra o Firá, capital de la isla de Santorini, extremo sur del archipiélago de las Cícladas. El cielo se vuelve rojo y tiñe la fachada de casas blancas y cúpulas turquesas. La otra opción: la escalera, de 587 escalones.

El nombre oficial de Santorini es Thera, con una población de 8000 habitantes distribuidos en 76 km2. Se compone de la isla principal, con forma de herradura, otra menor hacia el Noroeste, Thirassía, y una más pequeña, Aspronísi o isla blanca. Tres islas que se completan con otras tres pequeñas, que se encuentran en el centro de la gran extensión acuática que forma la bahía conocida como La Caldera, alzándose en forma de conos volcánicos llamadas la Vieja Kaméni (quemada), la Nueva Kaméni (en donde se encuentra el más reciente cráter del volcán) y la Pequeña Kaméni.

El centro de la capital es un laberinto de callecitas peatonales blancas y azules, poblado de tiendas de ropa, cafeterías y casas de cambio, como un balcón suspendido sobre el mar. Sobre el acantilado se suceden los restaurantes y lugares para tomar algo, ideales al atardecer.

A 10 kilómetros al norte de Thera se encuentra Ia. Otra vez, los laberintos de callecitas blancas, azules y rosas de buganvillas, colgadas de las fachadas. Miles de gatos se escapan al paso del caminante, que se detiene un momento a observar las tabernas escondidas entre tanto pasadizo. Es imposible no perderse.

Tanto desde Thera como desde Ia se pueden realizar excursiones en bote hacia las Kaménis, de 2 a 5 horas de duración. La caminata por el cráter del volcán, que aún emite vapores de metilo, es una experiencia única, una suerte de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne.

En auto por la isla

Como las distancias son cortas, una de las mejores formas de recorrer la isla es en auto. Saliendo de la capital, el campo presenta grandes extensiones de viñas y olivos, uno de los pocos cultivos apropiados para estas tierras. Al costado del camino, llevando su carga de ramas u otras mercancías, los burritos se desplazan por la tierra que parece no tener fin. Aún hay divisiones de tierras hechas con piedras: pircas. De las iglesias ortodoxas, cuyas cúpulas asoman en todas las curvas del camino, sale un intenso aroma a incienso. En sus portones se agolpan las ofrendas, que varían según la fiesta. En el Día de San Demetrio, los rituales incluyen grandes roscas, quesos feta y otras dádivas culinarias.

El punto más alto de Santorini es el monte Profeta Elías (556 m), en cuya base se asienta el monasterio homónimo, a cuatro kilómetros al sudeste de la villa de Pyrgos. En un día claro, desde allí se pueden ver las montañas de Creta. Fue fundado, en 1711, por dos monjes de esa localidad y sirvió de refugio para la lengua y cultura griega, que se enseñaba en forma clandestina durante la ocupación turca.

Las playas de Exomiti, Perissa o Perívolos presentan una franja costera pequeña, cubierta de una arenisca negra áspera y pegajosa. El paisaje del mar, las islas volcánicas y la tierra montañosa sacian el espíritu en forma completa. El agua es transparente. El suelo es rocoso y es preferible llevar sandalias.

Sobre la costa, las tabernas ofrecen la bellísima vista del Egeo y algunos placeres terrenales como delicias frescas del mar a precios irrisorios.

El nombre Santorini deriva de Santa Irene, patrona de la isla. Su nombre tiene el aroma del paraíso.

La isla que los dioses eligieron para nacer

HANIA, Creta

La casa de María Marendaki Thanu se recorta contra la montaña de tierra roja. Forma parte del villorrio Vamos, en la isla de Creta, sobre el mar Mediterráneo, entre los mares Egeo y de Libia. Las piedras sostienen el hogar, contienen la huerta, de la que María saca casi todo para comer: verduras, olivas, cítricos, castañas, uvas rosaquí. Albergan también al marido, ya jubilado, y a la abuela, que luce su vestido negro de luto riguroso. En los pueblos de Creta se mantiene la tradición: si un familiar muere, el luto dura un año; si es el marido el que muere, el negro se lleva durante toda la vida. Es difícil comunicarse; nada se parece a este idioma, del cual se reconocen raíces y palabras escritas, pero no el canto.

Calles de tierra, casas de piedra, olor a mar. Cuerdas con ropa blanca secándose al sol, ristras de cebollas chicas, miles de gatos. Los caminos somnolientos suben y bajan, entre olivas verdes y negras, aromos, almendros y cipreses. Estas aldeas, como un recurso para vivir de algo, ofrecen al viajero la posibilidad de visitar las casas de familia, conocer sus costumbres, amasar su pan. La idea es conservar la forma de vida cretense y, al mismo tiempo, subsistir.

Vamos es uno de los 1447 pueblos que posee Creta. Está situado en Hania o Chaniá, una de sus cuatro provincias; las otras son Rethimno, Heraklion y Lasthio. Las ciudades puerto más importantes son Hania, Rethimno e Iraklio (capitales de las provincias homónimas); Agios Nikolaos y Sitia, todas sobre la costa norte. La isla entera se ve desde el avión como una lágrima de roca depositada en el mar, entre tantas otras. Sólo que ésta es la más grande que posee Grecia, la quinta de este mar.

El clima mediterráneo, recomendado desde los tiempos de Hipócrates para recuperarse de enfermedades del cuerpo y el alma, acompaña con su bondad. A pesar de la afluencia turística, la cuna de los dioses y del virtuoso Greco supo conservar sus paisajes, tradiciones y cantos para los días de fiesta, bailando al compás de la música de la lira de tres cuerdas. En el campo, todavía se puede ver a veces a los hombres con su vestimenta típica: botas altas, pantalones anchos y turbante en la cabeza.

La ciudad de Hania o Chaniá, capital de la isla hasta 1971, luce las curvas de sus calles en la ciudad vieja, rodeando al puerto veneciano. Pequeñas encrucijadas que sorprenden al viajero al terminar abruptamente en una casa de telares, un convento ortodoxo blanco y azul -el 97 por ciento de la población es ortodoxa cristiana-, o una taberna. Todas estas callecitas conducen a la rambla del puerto veneciano, construido en el siglo XIII, cubierta literalmente de mesas para deleitarse con el mar y las montañas entre mezedes (entradas) y ouzo, rakí o tzikoudiá (distintos licores), o los vinos rojos y rosados de la isla.

Hania fue edificada sobre Kidonia, una de las tres ciudades construidas por la civilización minoica entre el 3000 y el 2600 a.C. El distrito de los mercaderes, a lo largo de la calle Aktí Koundouriótou, ostenta sus puestos de pescados, tabernas, remeras, cerámicas; una especie de Once local, un poco más prolijo, con otros colores e idioma, pero el mismo ruido.

De allí salen senderos de piedra que custodian las antiguas casas venecianas, con encantadores balcones fucsia cubiertos de buganvillas y cistáceas.

Otros sitios que merecen una visita son el Mercado Municipal (1913), con infinitos puestos de pescadores, quesos y aceitunas; el museo arqueológico -iglesia del siglo XIV construida en estilo gótico veneciano, con cerámicas y sarcófagos del período minoico-, y la iglesia de San Nicolás.

Las playas, de arenas negras y el mar de un azul profundo, se encuentran dispersas alrededor de toda la isla.

Nacimiento mítico

Desde el 2800 hasta el 1000 a. C., Creta fue el centro de una brillante civilización de origen mítico. La poesía de Homero y la historia de Hesíodo coinciden en que Zeus nació en Creta. Allí tuvo tres hijos con la ninfa Europa: Minos, Radamantis y Sarpedón.

El primero de ellos se convirtió en un rey todopoderoso, que dio nombre a la cultura minoica. Los arqueólogos reconocen varios períodos en esta época; luego llegaron los romanos, después los árabes y, más tarde, los bizantinos. Después de la Cuarta Cruzada, en 1204, la isla pasó a formar parte del Imperio Veneciano. Cuatrocientos años más tarde, llegaron los turcos. Desde 1878, Creta adquirió una cierta autonomía y, en 1913, finalmente fue incorporada a Grecia.

Esta breve referencia histórica sirve para entender la cultura de una isla atravesada por las invasiones, con tradiciones que persisten en la literatura, las costumbres religiosas y la cocina. Los primeros signos de una identidad literaria griega contemporánea comenzaron a manifestarse durante la ocupación turca. El poeta moderno más conocido y traducido es Konstantino Kavafis, nacido en Alejandría en 1863.

Sus versos reflejan dos mundos, Alejandría y Grecia, atravesados por un profundo sentimiento griego, rescatando a las figuras clásicas. Su poesía es una lectura ideal para el viaje.

El palacio de Minos

Desde Heraclión, capital de la isla, se puede llegar a Knossós (Cnosos), el Palacio del rey Minos. El nombre de la capital de la isla viene de Heracles (Hércules) que, según la leyenda, desembarcó aquí para cumplir uno de sus 12 trabajos.

La ciudad conserva su antiguo puerto veneciano, con su larga y bella muralla que se adentra en el mar. Desde allí se puede tomar un colectivo destartalado -es más lindo que el taxi, por eso del color local- que en unos minutos lo deja en la entrada de Knossós. El camino se entremezcla con olivares y viñas, la montaña y el mar. Por todos lados hay casitas blancas y flores amarillas. El Palacio del rey Minos conserva sus corredores, pasajes, cuartos y escaleras. La existencia de Knossós fue sugerida por Heinrich Schliemann, negociante obsesionado por los textos homéricos.

Para él, éstos podían interpretarse y así averiguar la historia de los antiguos griegos. Una vez retirado, descubrió Troya, en 1874. El primero en excavar en Knossós fue Minos Kalokairinós, comerciante de Heraclión aficionado a la arqueología. El que finalmente se llevó todos los laureles fue sir Arthur Evans, que comenzó las excavaciones en 1900 y hacia 1903 ya había descubierto todo el palacio.

La compleja planta del palacio puede haber dado origen al posterior mito griego del laberinto, en el que el Minotauro -un hombre con cabeza de toro- se enfrentó con Teseo.

El leyenda del Minotauro

Homero cuenta que hubo una vez un laberinto diseñado por Dédalo a pedido de Minos, para confinar al Minotauro, nacido de la sacrílega unión entre Pasífae, reina y esposa de Minos, y un toro. Minos solía alimentar a la bestia con sus enemigos. A su vez, los atenienses, cada nueve años y en retribución por la muerte del hijo de Minos en manos de Egeo, rey de Atenas, debían realizar un sacrificio humano de siete jóvenes y siete vírgenes.

Fue como parte de ese tributo que Teseo llegó a Atenas y sedujo a Ariadna, la hija del rey Minos, que le dio el hilo obtenido de Dédalo para penetrar en el laberinto, matar al Minotauro y escapar de la trampa con vida.

Aproximadamente 2000 años a.C. fue construido el primer palacio, destruido en 1700. En ese entonces se reemplazó por uno nuevo, en el centro de la ciudad habitada por unas 50 mil personas. Son los restos de esa construcción los que aún se conservan.

El palacio fue la sede y residencia del rey, y se divide en dos alas: la occidental, donde están los santuarios y las estancias oficiales; y la oriental, donde se encuentran las viviendas y los talleres.

Los hermosos frescos (originales y reproducciones) de colores rojos y azules lucen en las paredes.

Los venecianos llamaron a Creta Candía y los turcos Kirit. Hablar de Grecia envuelve el pensamiento y la imaginación en una divina ternura. Creta es su corazón.

Comidas

Un almuerzo típico para dos personas cuesta 20 dólares. Lo clásico son las mezedes (entradas) y los guisos, especialmente de cordero. La comida tiene claras influencias orientales. La ensalada griega (tomate, pepino, morrones, queso feta, aceitunas, cebolla y aceite de oliva) y el souvlaki (pinchos de carne de cordero) son clásicos a la hora de elegir opciones tradicionales.

Transporte

Se puede desplazarse en ómnibus (US$ 2 para una distancia de 4 km) o taxi, con precios similares a los de Buenos Aires.

El alquiler de autos por día ronda los 80 dólares. Las distancias en las islas son cortas.

Compras

Tanto en Tesalónica como en Creta y Santorini se encuentran antiguos iconos muy bellos. También hay artesanías en cerámica y otros materiales. En las islas se consiguen reopas de lana y otras telas confeccionadas a mano, tapices y telares.

Tesalónica cuenta con las mismas casas de ropa internacional de todas las capitales del mundo.

Informes

Embajada de Grecia en Buenos Aires. Avenida Roque Sáenz Peña 547, piso 4 (342-4958/0528). Abierto de lunes a viernes, de 10 a 13.

Greek National Tourism Organisation (GNTO).

Atenas: la oficina central se encuentra en la calle Amerikis 2 (01/3310561).

Creta: en Heraclión, calle Zanthoudidou 1 (081/228225).

Alta cocina

Los sabores de sus platos dejan entrever la marcada influencia de distintas culturas, pero, en todos los casos, la inusitada riqueza natural del Mediterráneo está presente en cada comida, en la presentación cuidada de los elementos, en los aromas que se escapan desde temprano por las ventanas de las casas. Y en sus restaurantes, que son el orgullo del lugar y merecen ser visitados.

Hatzi: los mejores dulces de la ciudad. Venizelou 50 (30 31 279-058).

To Tsinari: en la ciudad vieja, un lugar encantador de comida típica griega.

Al. Papadopoulou 74 (284-028), Ano Polis.

Ouzeri Aristotelis: bastante concurrido por los locales, las mezedes (entradas) son excelentes.

Aristotelous 8 (233-195), en el centro de la ciudad.

Ouzou Megathron: para mezedes y ouzo. Stoa Karypi, Venizelou & Ermou (220-195).

Zythos: cocina griega contemporánea. Katsouni 5, Ladadika (540-284).

Ta Kioupia: de la misma área, Ladadika. Morihovou 3-5 (773-239).

Inanthi: gastronomía griega con influencias étnicas. Algunos platos italianos. Kalapothaki 16 (271-074).

Dore: restaurante informal situado en un área privilegiada, cerca de la Torre Blanca. Tsirogianni 7 (279-010).

Maiami: pescados y mariscos, se puede llegar en taxi solamente. Thetidos 18, Aretsou (447-996).

Hamodraka: pescados y mariscos, en la misma zona. Gagyli 13, Aretsou (447-943).

Porto Marina: pescados y mariscos, se llega en taxi. Plastira 79, Krini (451- 333).

To Bazaar: bar-restaurante con comida mediterránea griega y mezedes. Papamarkou 31, Athonos (241-817).

Beat Bazaar: mezedes cerca del mercado, se llega en taxi. Agora 32-34 (278-097).

Milos: está ubicado en una zona de bares cerca del puerto viejo, frecuentada por jóvenes, a la cual sólo es posible llegar en taxi.

Concepto moderno, muchos restaurantes y opciones en un mismo complejo. Andreou Georgiou 56 (551-836).

Olympos-Verria: buenas mezedes de la chef Nina Papapostolou. Hapsa 6 (541-778), Lathathika.

Adalakis: excelentes mezedes. Pagkeou 4, Lathathika (544- 844).

La isla para recordar el amor a Shirley Valentine

MICONOS.- Es la isla que, junto con Santorini, cumple con los sueños de todo turista.

Allí, sus callejuelas ascendentes y descendentes y las paredes blancas de las construcciones contrastan con el azul profundo del Mediterráneo.

Pese a que permanentemente se vive en un ambiente preparado para el visitante conserva, como en el resto de las islas, cierto aire pueblerino y sus habitantes llevan el sello del vínculo insoslayable con el mar.

El contraste está dado en las lujosas villas que parecen desprenderse de los barrancos y las pequeñas pensiones, modestas por cierto, donde aquel que no sea un visitante de paso podrá encontrar alojamiento y un plato típico, sin muchas pretensiones.

Indudablemente, su gran atractivo es el puerto, desde donde se divisan los molinos de viento, dispuestos en forma de herradura, y que constituyen una de las grandes atracciones que conserva el lugar. Este fue el escenario de numerosas películas y de cortos publicitarios.

Por estar preparada para el turismo masivo, la isla tiene una ajetreada vida nocturna, casi incomparable en relación con otros lugares que tratan de distinguirse por su historia o por su ímpetu religioso.

Cientos de bares, tabernas, cafés y restaurantes tienen espectáculos de música en vivo, donde no importa la autenticidad de los músicos, sino que la diversión esté asegurada. ya sea con rock o con la alegre melodía del bouzouki.

Para los amantes de las playas y de los deportes al aire libre es recomendable una visita a la bahía de Panormos, muy frecuentada por aquellos que les gusta la práctica del windsurf.

Ayia Anna es para los melancólicos, para aquellos que no pueden olvidarse de las escenas del film Yo amo a Shirley Valentine, un marco idílico donde prevalece el blanco de la piedra y el azul del mar.

Fuente La Nación, enero 1999

 

Datos útiles

Cómo llegar

Avión: el pasaje Buenos Aires-Roma-Atenas (servicios diarios) cuesta $1700, ida y vuelta. Desde allí existen frecuencias diarias de Olympic Airways a Tesalónica y Creta. A Santorini se puede llegar en barco (12 horas desde el puerto del Pireo, en Atenas), o en avión, por la misma compañía. No se requiere visa para entrar en Grecia.

Moneda

Un dólar equivale a 283,93 dracmas.

Alojamiento

La oferta de hoteles es variada. Desde US$ 10, las pensiones ofrecen cuartos con baño privado, desayuno incluido. Los hoteles de mayor categoría -de 3 a 5 estrellas- oscilan entre 200 y 500 dólares la habitación doble. Los precios son los internacionales, pero con excepción de Atenas y los polos turísticos desarrollados, los servicios no son tan buenos como en el resto de Europa. Todas las ciudades cuentan con campings en los alrededores y albergues de la juventud.

 

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