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Capítulos 7 y 8
Capítulo Siete
¿Me puedes decir qué es lo que estamos buscando exáctamente?
El ambiente de la Hemeroteca no era uno que a Yukari le agradara para pasar la tarde, solo porque sí, es decir, si no había algo como un trabajo final de por medio. No le agradaba la luz de las lámparas de halógeno, el olor a alfombra desgastada, que con el silencio de las personas y el monótono ruido del aire acondicionado, le hacían bosterzar de cuando en cuando.
- Necesito saber quién está buscando la Atlántida, y por qué.
- ¿No lo decía la nota? - Yukari lanzó la pregunta en un gesto de desesperación reprimida.
- Necesito más datos que esos.
- Y ¿Se puede saber para qué?
- Pues… Para mi próximo libro. Quiero aprovechar las vacaciones
- ¡Hitomi!, debes descansar, ¡Sólo mírate!
- ¡Hey! ¿Qué te pasa? ¿Insinuas que me veo mal? - Hitomi bromeaba - ¡Shh! Nos van a sacar de la hemeroteca.
- Sí, anda ¡Cambia de tema! - Esta vez Hitomi se limitó a tapar su boca con un dedo, exigiendo silencio a Yukari, mientras hojeaba periódicos y revistas infructuosamente.
"Tal vez todo esto no tenga sentido, pero por lo pronto es lo único que puedo hacer Van" Hitomi pensaba. Yukari la interrumpió para mostrarle una revista, señalando con el índice la fotografía de un hombre.
- Yukari ¡No estamos buscando artistas! - Yukari lanzó una mirada asesina a Hitomi, señalando el pie de la foto - ¡Je! Disculpa.- La ofendida sólo alzó una ceja en señal de su superioridad.
"William Ferrat, la mente tras la nueva exploración en busca de la Atlántida…" "Patrocina el viaje y dispuso la embarcación "El viajero" en esta aventura que busca localizar en el Pacífico lo que por siglos se ha buscado en el Atlántico ¿Por qué? Aparentemente, han encontrado vestigios en esa zona…"
Hitomi sonrió a su amiga, y fue a la fotocopiadora, llena de esperanza al haber encontrado lo que buscaba "Ese hombre… Tengo que averigüar cuáles son sus intenciones"
- ¿Ya nos podemos ir de aquí? Me prometiste ir de compras, y llevamos horas metidas aquí… realmente me provoca sueño… ¿Encontraste lo que buscabas? -Yukari no necesitaba aclarar que le daba sueño estar ahí, pues todo lo dijo mientras bostezaba, sin ningún remilgo.
- Gracias Yukari. Ya nos podemos ir a gastar nuestra herencia en el centro comercial, no te preocupes más.
Yukari estaba preocupada, sí, pero por Hitomi. Era obvio que algo estaba mal y traba de ocultárselo. Hacía mucho que no la veía así… Desde que Amano se había ido. " ¿Será tal vez… porque Amano viene de vacaciones y no quiere vernos juntos porque en realidad lo quiere?…"
Este pensamiento, desató en Yukari una avalancha de otros, rápidamente tratando de hallar en sí misma una respuesta "Tal vez no quiere vernos juntos porque se siente sola. No, porque si no tiene novio es porque no ha querido… Hitomi siempre ha sido bonita, simpática y popular… Pero desde Amano, no he sabido de otro en sus sueños… o tal vez no me lo ha querido decir. Será mejor que aclare todo esto antes de que yo la mate y la reviva de solo pensar"
Ya habían salido del edificio cuando yukari abordó a su amiga
- Hitomi, quiero hablar contigo
- ¡Soy toda oídos! - Contestó en tono alegre, al tiempo que detenía su marcha y se cubría del sol con los papeles que traía en las manos.
- Bueno, en realidad quiero que tú hables conmigo.
Siguieron caminando hacia el estacionamiento. Hacía mucho calor, así que Hitomi sugirió que fuesen a un lugar más fresco. Llegaron a una cafetería que se encontraba al cruzar la calle. Era un lugar pequeño y agradable, a pesar del movimiento de los empleados atendiendo a los clientes, se estaba muy bien ahí. Ordenaron un par de sodas y siguieron charlando, en una mesa junto a una ventana. A Hitomi siempre le había gustado sentarse junto a la ventana.
El sol se escurría entre la persiana, incapaz de contenerlo, haciendo que el cabello de Hitomi pareciera más claro, y sus ojos más brillantes.
- Y bien ¿Qué es lo que quieres oír de mi?
Sabía por su actitud que se trataba de algo serio. Temió que fuese acerca de ella.
- Hitomi, me he dado cuenta de que algo te preocupa, y no sé qué es. Además ¡He sido una tonta por no haberme dado cuenta hasta ahora! Pero en cinco años no he sabido de ningún chico que te atraiga ¡No has salido con nadie! Y la verdad, puedo hacer conjeturas al respecto por mí misma, atando cabos sueltos, pero no quiero eso Hitomi, quiero que tu misma me digas qué te sucede.
- Yukari, no debes preocuparte por mí, estoy bien… es sólo que no he dormido bien ultimamente, y es por que necesito ocuparme en algo, así que comenzaré a escribir.
- ¿Y que me dices de tu vida amorosa?
Hitomi bajó la vista, fingiendo un juego tonto con el popote en su vaso. Era visible que Yukari había puesto el dedo en la llaga, y no encontraba palabras para contestar.
- Yukari, yo me siento muy bien así, en serio… oye, no necesito salir con nadie… tengo muchas actividades, tú misma lo dijiste… - Habló lentamente, pensando con cuidado cada palabra. Finalmente, desvió su mirada completamente hacia la ventana, mientras se arrellanaba en el asiento.
- ¿Qué pasa? ¿Es por eso que haces todo no? Para evitar tener siquera la oportunidad de tener una relación con alguien ¿Por qué?… ¿Es por… Amano? - Sus ojos brillaban, y la última pregunta salió apenas de su boca. Yukari dudó antes de preguntar, pero necesitaba deshacerse de esa duda, sin importar las consecuencias.
- ¡Por supuesto que no! - Hitomi respondió inmediatamente, sin dejar lugar a dudas - Yo solo… estoy bien así y punto. Por Amano no debes preocuparte, porque yo no siento nada por él, no de esa manera, es sólo un buen amigo y él te quiere a tí Yukari, como tú lo quieres a él.
- Hitomi - Yukari se sentía algo avergonzada por haberla presionado.
- Esta bien Yukari. Ahora vámonos o no vamos a llegar jamás.
Sonrió a su amiga, deseaba irse cuanto antes, cambiar el tema y olvidar el trago amargo que acababa de pasar. En el camino seguía reflexionando ante lo sucedido… "¿Van habrá encontrado a alguien más? Son cinco años" Pero rápidamente se convenció de de que eso no era cierto " No. Yo aún puedo sentirlo. Si él dejara de quererme, me daría cuenta… de alguna forma yo podría saberlo… porque estamos unidos, casi como si estuvieramos juntos" El casi le supo amargo en los labios, como si hubiera pronunciado la palabra " Pero no lo estamos y ahora él…"
ÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ
Olas. ir y venir, una y otra vez. Las gaviotas parecen no descansar durante todo el día. A lo lejos el sonido de gente que trabaja en algo. Y él, en la cama ¿cuánto tiempo llevaba ahí? No lo sabía. Pero hoy sería diferente.
Van se incorporó, debía aprovechar que estaba sólo. Aún sentía dolor en las costillas, pero eso no le impediría encontrar a Hitomi, "No importa si tengo que atravesar este mundo con mis propias alas, si es necesario, la encontraré" Tomó el pendiente, una expresión de alivio podía notarse en su rostro. Lo tomó por la cadena y cerro los ojos, tal como solía hacerlo ella. Trató de verla, de recordar su rostro: sus ojos verdes, sus labios, sus expresiones… su cabello… Tal como ella se lo había enseñado, tal como lo había hecho para salvarle la vida tantas veces….
Envuelto en la oscuridad, logró verla, pero no veía a la chica de quince años, vistiendo uniforme: Era ella, hoy, en este momento. Van sintió la calidez de su espíritu en su corazón, la contempló en silencio pues pensaba que si decía algo, arruinaría todo… Su cabello era ahora más largo, sujeto en una cola de caballo, algunos cabellos se escapaban del peinado, cubriendo su frente… Su figura delgada envuelta en un sencillo vestido de verano, y sus ojos… Sus ojos reflejaban tristeza. Ella no podía verlo, su mirada estaba fija más allá de él. Van quizo aproximarse, preguntar qué era lo que estaba mal, pero una voz lo detuvo
- Detente Van - El corazón le dio un salto al reconocer la voz que lo detuvo.
- ¡Madre!
- Van, el destino te ha traído hasta aquí por otra razón
- ¿Mi destino? - La imagen de Hitomi comenzó a alejarse en la oscuridad, hasta perderse. Sintió que todo debía tratarse de una broma cruel ¿Qué clase de destino era ese?
- No debes preocuparte por ella, tu responsabilidad está aquí ahora…
Van volvió a la realidad, sintiéndose más lastimado que antes, más confundido aún, ahora con la certeza de no poder estar con Hitomi "¿Qué diablos estoy haciendo aquí, qué clase de destino me aleja de Fanelia y me impide verla?" La rabia cedía ante el inevitable advenimiento del dolor.
Las olas suben y bajan, chocan y siguen bailando unas con otras, siempre. Ese es su destino.
Capítulo Ocho
¿Te irás de viaje? ¿ tan pronto? Pero creí que sería hasta dentro de un mes
- Los de la librería exigieron que fuera pronto, y además es mejor así, no intrrumpiré mis clases mamá… lo siento en verdad, perono hay nada que yo pueda hacer… ¡son gajes del oficio!
- Bien - La madre de Hitomi dio un suspiro - Además sé que es imposible tratar de detenerte cuando se te ocurre algo… después de todo ya eres mayor y sabes cuidarte. Espero que todo salga muy bien.
Al decir esto, salió de la habitación de su hija, dejándola sola. Hitomi se dejó caer en la cama "Espero no estar cometiendo una locura". El viaje que le había ofrecido el día anterior la editorial venía aresolverle un gran problema. Querían que fuera a una enorme librería en los Estados Unidos a promocionar su libro… pero ella deseaba ir en busca de respuestas. "Es el destino" pensó " que ese hombre se encuentre ahí, y justamente yo tenga la oportunidad de viajar hasta allá".
La desesperación la invadía, pero se convencía de ser fuerte. Tomó la fotocopia en la que aparecía ese hombre, la única que había encontrado. Aparecía con gafas oscuras, su cabello, lo había visto en el original, era castaño claro, y sus facciones bien marcadas. Era un hombre joven, y por lo que había leído era tambien "ofensivamente" rico, en sus propias palabras. " hay algo triste acerca de este hombre… no sé qué es, pero lo percibo" Cerró los ojos y gracias a la luz de la mañana, que le daba en la cara, comenzó a sentirse cansada… quería dormir.
Mientras se quedaba dormida comenzó a divagar y pronto, a soñar pero… no era un sueño ¿O tal vez sí? Se encontraba en una ciudad llena de gente y de actividad, en un parque desconocido. Hacía mucho frío:Estaba nevando. En el parque solo estaba un niño, de unos 12 años sentado en una banca, platicando con una mujer que se encontraba parada frente a él… Hitomi reconoció a la mujer, se trataba de su abuela, justo como la recordaba de su infancia. De repente su abuela desapareció y el niño quedó sólo.
Hitomi sintió gran ternura por él, no alzaba la vista, no podía ver sus ojos, pero sí las lágrimas en sus mejillas. Hitomi, tratando de alegrarlo, atrapó algo de nieve en su mano, y se la mostró
- Mira, ¿No te gusta la nieve?
Hitomi se dio cuenta de que no sentía frío con la nieve, así que quizo examinarla y se sorprendió al ver que lo que tenía en su mano no era nieve, sino una pluma blanca el niño levantó el rostro para verla y entonces Hitomi despertó.
El día había avanzado y el sol en la cara por tanto tiempo, le provocó dolor de cabeza. Se incorporó y fue hacia la ventana, para cerrar las cortinas. Echó un vistazo hacia afuera… todo estaba tranquilo. El dolor de cabeza era fuerte, así que decidió buscar una aspirina, buscó en un cajón y luego en otro, y lo que encontró fue otra cosa "mis cartas del Tarot"
Tomando el mazo entre sus manos, observándolo como algo prohibido que se abre camino provocando tentación, Hitomi tomó una carta
"¿La carta en blanco?…pensé que... "
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Hasta ese momento no había reparado en su extraña vestimenta, que no era la misma con la que había dejado Gaea. Pantalón de mezclilla y sudadera de algodón de color azúl oscuro. Todo lo cual le parecía extraño, pero confortable. A pesar de la abundante luz del sol, ese lugar era frío.
Jennifer le aventó una chaqueta a las manos
- Toma, ponté esto
Van examinó la prenda con cuidado, le recordaba a una que Hitomi traía cuando llegaron a Fanelia, pero el color era diferente, y esta era de otro material, mucho más grueso. Al fin se la puso, ante la mirada impaciente de la mujer de ojos grises y cabello rojo.
- Muy bien, ahora estás listo para salir.. oh, espera, necesitas un par de zapatos. - Van la miraba sin comprender - Espera aquí .
"¿Qué clase de destino es este?" pensaba él a su vez, esperando que la mujer regresara para poder averiguar algo.
- Toma - Jennifer le extendió un par de calcetas y botines de color oscuro - Espero que sean de tu medida, deberas agradecer a Fausto… claro, cuando aprendas algo del idioma - Se sintió un poco torpe al decir esto último " ¿Qué me pasa? No es como si no hubiera visto a un hombre… es decir, heme aquí en una expedición, única mujer entre ¿Qué diez, doce, hombres?"
Van se calzó los botines y contempló a Jennifer. Era la segunda mujer de ese lugar que él conocía, pero aún así le parecía extraña la ropa, de hecho, vestían lo mismo…
- Vamos, es tiempo de que salgas de aquí - Van comprendió que deseaba que salieran de ahí, pues comenzó a gesticular y a mover los brazos en dirección a la puerta.
Al salir a cubierta, pudo percibir con mayor claridad la inmensidad del mar en el que se encontraba… no se veía nada más. Todo era tan parecido a Gaea, pero a la vez demasiado diferente, empezando por el cielo, en donde no se veía nada más que el azúl interminable y unas cuantas nubes aquí y allá; después, los aparatos, los materiales, la gente misma y el lenguaje.
Se preguntó por qué reazón estaría el barco ahí, o si sería su imaginación que le hacía pensar que no se habían movido mucho. Haciéndose miles de preguntas que quedaban inevitablemente sin respuesta, se alejo de Jennifer, acercandose a la borda para observar el agua desplazada por el barco.
Era la primera vez en su vida que se encontraba en un estado de relativo reposo, alejado de los deberes de la corona. Por un mometo se permitió sentirse tranquilo y hasta disfrutar del magnífico paisaje. ¡Cuánto tiempo hacía que no observaba el paisaje! Todo se perdía en la inmensidad del paisaje, a su alrededor había personas que iban y venían, ocupadas, hablando y riendo en franachela, pero todo eso no lo oía, no trataba de oírlo: En ese momento quiso ser sordo, para no oír las voces que no le decían nada y le recordaban dónde estaba y qué era lo que sucedía. Se reclinó sobre el barandal apretando con fuerza la barra de metal, como si fuese la culpable de todo.
Por vez primera renegaba de la situación en que se encontraba, si bien es verdad que antes había renegado de tener que ser rey, en realidad lo aceptó y lo hizo y había logrado convertirseen un gran rey. Pero ahora sentía rabia y no quería aceptarlo: Simplemente era demasiado para un hombre de su edad. Símplemente, se rehusaba a aceptar un destino tal.
La primera vez, contempló el mar estando en Asturia, por vez primera se dejó cautivar por una mujer, en una ciudad situada junto al mar.
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El ver pasar las nubes tan cerca de sí le trajo recuerdos de otras nubes, de otro cielo en que podía verse la tierra detrás de la luna. Sólo que entonces podía sentir el aire en su rostro, ver todo el paisaje…. Cómo extrañó esa sensación, al percatarse de que su panorama se limitaba a lo que la estrecha ventanilla dejaba ver. Prefirió seguir recordando, así que reclinó su asiento "Sí, era mejor entonces, porque Van estaba ahí". Las nubes poco a poco fueron cambiando "parece que lloverá" .
Así era, la enorme ciudad la recibió con lluvia. Recordó entonces que alguien le había dicho que "la lluvia refleja la tristeza". Fue Allen, recordó sus ojos azules, su largo cabello rubio y la aparente calma con la que comprendió que entre ellos dos no había nada. " me pregunto ¿Qué será de él ahora"
El viaje había durado una eternidad, así que cuando escuchó que las azafatas pedían a los pasajeros abrochar sus cinturones y volver a la posición vertical sus asientos, Hitomi sintió un gran alivio. No era muy buena para dormir en su propia cama, mucho menos en un asiento de avión. El avión aterrizódando un par de sltos en la pista mojada.
Yoko, su asistente enviada por la editorial, la esperaba en la sala de espera,había llegado dos días antes, para preparar todo para su estancia ahí. Al ver a Hitomi, agitó sus brazos frenéticamente, provocando en ella una sonrisa apenada.
- ¡Hola qué gusto verte! ¿Qué tal el viaje?
- Bien Yoko, gracias… ¿Nos vamos?
- Claro, tenemos un auto esperándonos
- ¿Un auto?
- Sí, cortesía de la librería ¿Puedes creerlo? Son muy amables y atentos.
- Ya veo...
- Es mejor darnos prisa, debes descansar, mañana te espera un día ajetreado.
Hitomi ardía en deseos de marcharse al hotel a descansar; le parecía que el aeropuerto estaba especialmente ajetreado. La mezcla de las voces, los olores, risas, anuncios. Estaba cansada.
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Palas, la capital de Asturia... había cambiado poco en cinco años. La vista desde las ventanas del crucero era maravillosa.
- Recuerdo la primera vez que ví el mar… también era la primera vez que mi amo Van veía el mar… y Hitomi venía con nosotros, en esta nave…
Merle caminó hacia la ventana, donde Allen se encontraba, para poder apreciar la vista desde ahí. Había crecido convirtiéndose en una linda mujer. Vestía con telas ligeras de colores cálidos, que al entrecruzarse en el pecho y la cintura, se separaban al llegar a la cadera, dejando entrever un par de ajustados pantalones oscuros, dando sin embargo la apariencia de un sencillo vestido. A la cadera, y por órdenes de Van, Merle traía consigo una pequeña daga, muy bien disimulada entre las telas.
Había sido un viaje muy largo "más largo gracias a la mala compañía" pensó ella, refiriéndose a Sahú, que viajaba con ellos ya que por la complexión, el cabello oscuro y la edad, 19 años, Yolza había pensado en él para pretender que el rey viajaba a Asturia en papel diplomático y Merle ya que siempre lo acompañaba a ellos, junto con dos jóvenes guardias.
"Es la primera vez que yo veo el mar" pensó Sahú. Le sorprendía la gran gama de azules y verdes que centelleaban como miles de espejos, reflejando alegremente la intensa luz del sol, el cual parecía brillar sólo para ellos.
La nave comenzó a descender, Allen daba instrucciones a Gadeth, quien las gritaba a sus hombres con camaradería.
- ¡Qué demonios…!
La expresión de Allen reflejaba su sorpresa y enojo, Merle quizo ver que era lo que había causado tal efecto en él, y lo único que vio fue a una mujer a caballo que al parecer los estaba esperando.
- ¿Quién es ella?
- Ella es Celena, mi hermana - Allen contestó con una mezcla de preocupación y enojo. Celena estaba ahí, sola, esperándolo. Había llegado en un caballo, sola. Se había escapado.
Apenas tocaron tierra, Allen corrió a reprender a su hermana
- ¡Hermano!- Lágrimas de alegría anidaban en sus ojos, resistiéndose a dejárlas salir.
Celena echó sus brazos al cuello de su protector y hermano, abrazándola con la ternura de un niño que abraza a su padre. Allen pudo sentir el gran alivio en el corazón de su hermana con su presencia, y no tuvo corazón para hacer otra cosa que regresar el abrazo con igual fuerza.
Los demás pasajeros habían descendido también. Merle echó un vistazo. Parecía como si hubiese retrocedido en el tiempo: Todo le parecía igual, el mismo sitio donde antes - La primera vez - habían dejado el crucero.
Recuerdos: Hitomi… el suyo era un recuerdo que la hacía felíz, porque había llegado a quererla quizas tanto como a una hermana - no podía saberlo, nunca había tenido a nadie más que a Van - en sus brazos encontró apoyo en los momentos en que temió por la vida de Van, le gustaba recordar cómo la hacía desvariar.
Recuerdos… la princesa Millerna, montando a caballo, demostrando su jovialidad y entusiasmo por la vida - Sobre todo, después de ver a Allen .
Recuerdos… Van. También fue la primera vez que vio el mar. Van… no pudo evitar buscar en el cielo, la gran luna azul que ahora parecía burlarse de ella por estar con él, manteniéndolo allá. En otro tiempo habría soltado a llorar. En aquel tiempo habría llorado, y Hitomi la habría consolado, diciéndole que su Van estaría bien.
Por el camino desde la ciudad, se aproximaba un coche que fue reconocido de inmediato por todos los ciudadanos de Asturia. Una vez habiendo llegado, Allen se apresuro a ayudar a la ocupante, mientras Celena busacaba la manera de hacerse invisible.
- Princesa Eries - Allen hizo una reverencia para besar la mano de la princesa.
- Allen - Sonrió, al tiempo que con la mirada, buscaba a Celena - ¡Celena! ¡No debiste salir así!
- Lo siento, es que yo..
Allen intervino
- No tiene caso ya Celena. No debes volver a hacer algo así nunca, es muy peligroso… y ese caballo debe tener un dueño.
Las mejillas de la muchacha se encendieron, escondió el rostro y mordiéndose el labio inferior en un gesto infantil respondió:
- Lo devolveré, lo prometo… es sólo que deseaba tanto verte… me sentía ,muy sola.
Eries sintió tristeza al comprobar que no había sabido ser una buena compañía para la joven Celena, se acercó a ella y tomó sus manos en las suyas, sonriendo con dulzura, tal vez iba a decir algo, pero Sahú la interrumpió
- Señor Allen, unos hombres se aproximan por ese camino, y no creo que se trate de la guardia real… son demasiados.
Por el camino se veían venir más de 15 hombres, que al parecer tenían prisa por llegar.
- Esos no son hombres de Asturia.
Sahú, actuando como por instito se llevó la mano a la espada, anteponiéndose a Merle, sin decir una sóla palabra más. Allen pensaba lo más rápido que podía, era evidente que no venían en son de paz.
- Princesa Eries, Celena, Merle, entren rápido al crucero.
No bien terminó de hablar, cuando el ataque era inminente, aquellos hombres habían llegado, espadas en mano y comenzaron a atacar.
Celena, aterrorizada, había quedado inmóvil, así que Eries tuvo que llevarla rodéandola con sus brazos hasta la nave, desde donde podían ver a los desconocidos atacando a Allen y asus hombres, que peleaban junto a dos guardias de Fanelia y la guardia de la princesa Eries.
Merle y Sahú se vieron rodeads, Sahú la defendía con su espada inexperta, mientras se encargaba de mantenerse a sí mismo con vida, o por lo menos eso es lo que él creía que hacía, pues Merle se las arreglaba bastante bien sola, gracias a su felina agilidad y buen uso de la daga, que Van se había encargado de enseñarle; ante el temor de que algun rebelde de Zaibach pudiera atacarla, cuando la guerra era reciente. Así pues en realidad fue ella quien salvó a Sahu, quien sólo resulto levemente herdo, hasta que por fin lograron escurrirse a la nave.
- ¿Qué es lo que quieren! ¿De dónde son ustedes?- Gritó Allen, mientras manejaba magistralmente su espada para defenderse del ataque de uno de los hombres, que no eran soldados de algún país "Mercenarios" pensó al fin - ¿Quién los mandó?
- Alguien que no te quiere mucho "niño rubio" - El hombre rió a carcajadas, dejando ver su horrible dentadura amarilla en su risa torcida. Pronto el sonido de su risa degeneró en un grito de dolor, al sentir el hierro de la espada que acababa de cortarle la vida.
"¿Quién querrá deshacerse de mí? ¿Porqué?" pensó " Cómo sea, no pienso darle gusto"
Los mercenarios, a pesar de la calidad de los combatientes por el otro lado, parecían aumentar en número. Los soldados de Fanelia habían muerto ya. Allen se dio cuenta de que la batalla se perdería si seguían ahí. Además, lo querían a él: no pensaba morir, pero no valía la pena arriesgar la vida de los demás
- ¡Gadeth, no pierdas el tiempo, debemos retirarnos!
Gadeth lo miró con sorpresa, pues lo que Allen le pedía era casi un suicidio, pero al ver a Celena y a la princesa por la ventana del crucero, comprendió a la perfección.
- ¡Muy bien jefe! ¡Ya oyeron muchachos, nos vamos!
Celena, desde la nave, no comprendía lo que sucedía allá afuera. Podía ver como su hermano y sus hombres se las arreglaban para derrotar a sus agresores, pero al ver que los demás comenzaban con dificultad a avanzar hacia la nave , dejando rezagado a su hermano, su angustia y desesperación crecieron.
- ¡Allen! ¿Qué pasa, por qué no lo ayudan? Gritó desesperada.
Eries compartía esa desesperación y grande fue su sorpresa al ver cómo Celena, llena de una súbita determinación corríó de su lado, para salir de la nave. A la entrada de la nave se encontró con sahú, que había logrado llegar, y, abofetéandolo le arrebató la espada, dejándolo estupefacto.
- ¡Celena! . gritó Eries, sin ser escuchada.
Allen trataba de alcanzar el crucero que no se encontraba lejos en realidad, pero los mercenarios no dejaban de aparecer: parecía que se hubiese corrido la voz de que ahí se encontraba, y todos quisieran terminar con él. Estaba herido. Su corazón dio un vuelco al ver que Celena salía blandiendo una espada entre sus delgadas manos. Con una fuerza desconocida y excelente uso de la espada le ayudó a subir a la nave.
El crucero comenzaba a elevarse, ellos aún a la entrada, podían observar la extraña escena: era como ver a las hormigas cuando una de ellas ha encontrado algo y enviado el mensaje a las demás, hasta que se forma una gran mancha, de la nada.
Celena, sin embargo no veía la escena, sino sus manos que aún sostenían la pesada espada, ahora llena de la sangre de aquellos que murieron por su causa. El miedo… el reconocimiento de la sensación de haber causado dolor. Hubiera llorado de no haber estado en shock. Apenas podía respirar y luego… la mirada de Allen directa a sus propios ojos… " ¿Porqué tiene miedo de mí?" pensó ella.
- Yo… nunca había tomado una espada - musitó al fin, tras un largo silencio, dejando salir sus lágrimas y apoyando todo su peso en los brazos de su hermano, quien la estrechó con más fuerza que nunca.